LA LLUVIA SABE POR QUÉ

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Fuente: OMSHIVAOM
La lluvia para muchos de nosotros puede significar lo bueno y para otros lo malo. Puede ser la protagonista de grandes desastres naturales o terminar con la sequía de la temporada.

Si me preguntan a mí, no es ni buena ni mala, porque siento que no podría celebrar las desgracias de otros. Sin embargo, siento que es uno de los más grandes maestros naturales que existen porque de ella se puede aprender infinidades de cosas tanto a nivel interno como externo.

En el caso de este post, me referiré a la enseñanza que nos deja en nuestra parte interna. Porque como seres humanos a veces nos toca pasar por duras situaciones que nos hacen verlas como una gran tormenta.

Me atrevo a usar esta analogía de la lluvia porque hace par de meses una gran amiga me envió un libro con el nombre de este post “La lluvia sabe por qué” Donde pude amar y hasta odiar a los personajes de su historia, porque nos dejan un gran mensaje, en el manejo de sus emociones y decisiones, pero  de todo lo leído les dejo la estrofa que inspiró este post.

“-Deja que se vayan, Lucía –dijo la abuela desde algún lugar.

-¿Quiénes?                                                   

-¡Las lágrimas! A veces parece que son tantas que sientes que te vas a ahogar con ellas, pero no es así.

-¿Crees que un día dejarán de salir?

-¡Claro! –Respondió la abuela con una sonrisa dulce

– Las lágrimas no se quedan demasiado tiempo, cumplen con su trabajo y luego siguen su camino.

-¿Y qué trabajo cumplen?

-¡Son agua, Lucía!

– Limpian y aclaran… Como la lluvia.

– Todo se ve distinto después de la lluvia…”

Libro: La lluvia sabe por qué

Autor: María Fernanda Heredia

No sabemos ver el significado de las situaciones cuando nos llegan, mucho menos las malas y cuando nos toca llorar por ello. Y es que pasa que llorar muchas veces está mal visto, hasta por nosotros mismos. Sin embargo, si nos lo permitimos es una fuente de liberación que tenemos que aprovechar.

Llorar nos ayuda a liberar la carga que se nos acumula por dentro. Nos hace  ser más conscientes de que todo lo que nos sucede será pasajero. Es decir, nos da la esperanza de que aunque estemos sumergidos en la más oscura de las tinieblas siempre llegará el rayito de luz. Porque al descargar podremos apreciar la paz que deja en uno mismo vaciar la carga de nuestro interior.

Y es que para nadie es un secreto lo certero de la frase: Después de la tormenta llega la calma.

A muchos de nosotros nos ha pasado y lo hemos comprobado una vez que reconocemos nuestras emociones, las sentimos y decidimos seguir adelante, la tormenta se pasa y veremos cómo se empieza a posar de a poco el sol.

En cambio, si escondemos nuestra tristeza, dolor o sufrimiento, estos empezaran a formar parte de una serie de mecanismos de defensa creando un escudo para intentar protegernos “de lo que los demás piensen o nos hagan” hundiéndonos cada día más en el sufrimiento sin permitirnos evolucionar y aprender lo que debemos en el momento.

Tampoco se trata que nos forcemos a sentir felicidad a juro, es simplemente dejar que el momento pase, permitirte sentir eso que sientes, llorar mucho si lo necesitas, pero entender que sólo un momento no puedes pasar el resto de tu vida haciéndolo y tampoco sintiéndote mal o juzgándote por esos sentimientos que han llegado hasta ti. No puedes emprender una lucha en contra de ti mismo.

No se trata de que expresemos nuestras emociones de una manera u otra, ya que cada cual tiene su manera de exteriorizar sus sentimientos; se trata de que las valoremos como las mensajeras de aquello a lo que es complicado ponerle palabras.

Por ahí se dice que todo en exceso es malo, y si encima contaminas tu interior con ello, es aún peor. Es decir, que hay que escuchar en la misma medida a la tristeza que a la alegría. De esta manera conseguiremos equilibrio, y nuestros sentimientos no se transformarán en monstruos como la ira, la depresión o un falso optimismo que nos llene problemas.

Deja salir tus emociones y escucha el mensaje que te trae cada una de ellas. De lo contrario, se generará una gran carga que derivará en un bloqueo emocional que estancará tus reacciones.

Así que ríe cuando puedas y cuando lo necesites, deja que tus lágrimas  broten de vez en cuando, permite a tus emociones salir  para ayudarte a ver con mayor nitidez la vida y, sobre todo, tu interior.

 Fuente: OMSHIVAOM

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